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anales

Séptima Serie. Nº 10/2016

9

PRÓLOGO

La Universidad de Chile ha de asumir hoy más que una tarea, un deber: contribuir

a la discusión en torno a la necesidad de una nueva Constitución desde una visión

académica y de compromiso con el futuro del país. Lo viene haciendo en diversos

foros y ciclos, desde su Facultad de Derecho y en conjunto con otras facultades.

Ahora quiere aportar con este número de la Revista Anales de la Universidad de

Chile.

El país sabe que la Universidad de Chile y la educación pública en general

cumplen una función insustituible y necesaria para nuestro futuro. La universidad

pública es el espacio donde, en las palabras de su primer rector, todas las verdades se

tocan, donde no hay agenda particular que esté prejuiciadamente legitimada, donde

todas las ideas son sometidas al escrutinio de la razón. La universidad pública es, en

ese sentido, la forma en que puede institucionalizarse un ideal de razón y de sentir

públicos.

Para ilustrar la especial relación entre la idea de universidad pública y la idea

de razón pública, relación que resulta tan relevante para el debate constitucional,

quisiera invocar aquí dos expresiones muy recurrentes en los discursos políticos.

Son frases que de tanto ser utilizadas parecieran desgastarse y decaer a meros

lugares comunes. Pero como suele ocurrir con los lugares comunes, puede resultar

instructivo preguntarse por su significado original, por lo que verdaderamente

quisieron decir.

La primera expresión que quiero invocar es la que hace referencia a “todos

los chilenos”. Tanto se repite esa frase en tantos discursos, que se termina por

desdibujar su sentido. En realidad, son pocas las instancias en que algo esté pensado

por igual para todos los habitantes del país. En contraste con ese propósito, hemos

ido acostumbrándonos a una creciente segregación. Sin embargo, la Constitución es

algo pertinente a cada uno de nosotros y, como tal, nos trata a todos como iguales.

No ha de ser una imposición parcial de unos sobre otros.

Quizás ya desde su génesis la Constitución actual es deficitaria, precisamente

porque ella no es de todos, ya que en el país en el cual se redactó prevalecía una

falta del respeto y de la autonomía concedida a las personas debido al paternalismo

consustancial a un régimen dictatorial que desconoce la madurez de pensamiento

de su propia población.