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PRÓLOGO

Ennio Vivaldi Véjar

La nueva Constitución ha de ser de todos. Debe ser el vehículo de un sentido y

de un propósito común. Y es por eso que esta revista de la Universidad de Chile, una

universidad que nos pertenece a todos, es un espacio adecuado para esta discusión.

Un objetivo principal con el que se concibió la educación pública es, precisamente,

el de cohesión nacional. Es la instancia en la cual se forman, a la que concurren los

integrantes de una nueva generación que debe formarse y conocerse. A quienes

estudiamos en ella, la educación pública chilena nos permitió conocer a otros niños

y jóvenes de diversos orígenes socioeconómicos, ideológicos o religiosos, con lo

cual la idea que tuvimos de Chile fue más rica, más convocante y más completa. La

educación pública es, por lo tanto, un factor de unión.

La Universidad de Chile, en cuanto institución pública de educación superior,

trata a todos los integrantes de su comunidad como ciudadanos con plenos derechos.

El rector, los decanos y demás autoridades no pueden decidir quiénes ingresan ni

a quiénes despiden, y no pueden hacerlo por la existencia de motivos mucho más

profundos que una simple indicación reglamentaria. Es porque la oportunidad de

llegar a ser profesor o funcionario o estudiante de esta Universidad es un derecho,

precisamente, de todos los chilenos. Las reglas se basan sólo en mérito, evitándose

todo criterio discriminador. En el caso de las universidades públicas, el que la

autoridad admita que cualquier integrante de la comunidad tenga una posición

crítica y divergente, no es una concesión de la autoridad, es su deber. No es un

beneficio recibido por los académicos, es un derecho que ellos tienen.

En efecto, una de las cosas más profundas que se puede decir a nombre de la

Universidad de Chile es que llegar a formar parte de ella como profesor o estudiante

de pre o postgrado es un derecho que se tiene por ser chileno, independientemente

de la condición socioeconómica, ideología, religión o lugar de residencia. Es un

derecho que la patria chilena le otorga. Por lo tanto, nadie tiene derecho a interferir

con que una persona ocupe el cargo de profesor de la Universidad, ni porque piense

distinto, o no comparta la misma religión, o debido a la distinción importante o

trivial que fuera. Es indiferente; esa persona tiene derecho a estar ahí por el solo

hecho de satisfacer las condiciones públicas, objetivas y aplicables a todos para ser

estudiante o profesor. Ése es el sentido que tiene para nosotros la idea de “todos

los chilenos”. Son precisamente todos los chilenos quienes permiten el pluralismo

de esta Universidad y que es su condición

sine qua non

.

Esto es una universidad pública, una universidad donde nadie ha de tener temor

de expresar sus ideas, donde cada uno puede perseguir la verdad hasta donde crea

que ésta le lleva, expuesto sólo a la crítica disciplinaria de sus pares. Es esa modalidad

de discusión, esos términos de referencia, lo que este número de la revista Anales

pretende llevar a la discusión constituyente.